14 diciembre 2007

Bola extra

Fue una tragedia de la humanidad, pero en Alemania hubo nazis. Es una vergüenza, pero en Pamplona hay cafres. Comprobado cómo las gastaban los nazis, ningún ciudadano de bien –digo de bien- les llevaba judíos a la puerta de casa envueltos en un paquete con lazo y les decía: tomad, demostrar que os podéis comportar como seres humanos. Aquí, en cambio, comprobado científicamente cómo las gastan los cafres, pareciera que nos encanta que tengan su parte alícuota de protagonismo y les ponemos al morro unas chorras bolas gigantes de Navidad y unos paquetes de regalo para que hagan lo único que saben hacer, el mangarrán. Es que ya no nos conformamos con poner adornos a 1.000 euros la pieza -¿son de oro?-, sino que, además, los ponemos a ras de suelo en la plaza del Castillo. Solo les faltaba un cartel que dijera el primero que la mangue o la rompa tiene premio: sale en la prensa. Mientras, el chupi-chupi árbol lo han rodeado con una valla metálica con unas puntas como lanzas que confiemos que no trate de escalar alguno que vuelva de mambo con 20 copas de más. Ahora ya hay vía libre también para rodear los adornos con alambradas electrificadas o minas antipersona. No sé, da la sensación de que nos quisieran decir que sólo aprendemos a palos. Y también de que sabían perfectamente que iba a pasar lo que ha pasado. Algo así como una demostración de que hay buenos y malos y ellos son los buenos, tan buenos que no es que dejen un caramelo a la puerta del colegio, es que lo meten dentro. La directora del área de Comercio del Ayuntamiento dice que “este tipo de adorno se utiliza en otras muchas ciudades europeas”. No estamos en otras ciudades europeas, estamos aquí, para lo bueno y para lo malo. Su obligación es saberlo. Aunque creo que se lo saben de cine.