27 junio 2013

Tú eliges

Llegó a tal extremo la cosa, a tal, que una idea cuando menos en su filosofía inicial aceptable se convirtió –por la propia naturaleza del ser humano, de algunos, cuando le dejan- en un despiporre o eso que mi madre llama zurriburri: ¡vaya zurriburri se ha montao! A lo que mi abuela suele replicar: ¡Toma no! El extremo, por poner un ejemplo cercano, era que unos cuantos se asociaban, presentaban un proyecto por peregrino que fuera –¡qué ideas más peregrinas tienes!-, se lo aprobaban y con eso financiaban, que yo lo vi, unos columpios para sus hijos en el pueblo. Un columpio o cunumpio, en concreto. Y así con todo. Eso acabó siendo Tú eliges, tú decides, un zurrakapote en el que todo cabía y en el que cada grupo de amigos, empresa, asociación, club, institución, fuera de donde fuera y se dedicara a lo que se dedicara, movilizaba a los suyos y a quien no hubiera elegido para que el 33% del dinero que obtenía Can con el beneficio que generaba cada uno de sus clientes fuera a ese proyecto. ¿Legal y hasta ético? Innegable. ¿Solidario y social? Indudablemente, no, no se le podía ni puede llamar Obra Social de una Caja de Ahorros, tal y como tampoco se le podía llamar así a lo que funciona aún y que viene a ser algo similar: dar un euro por cada firma, se sea cliente o no. Eso es una subasta y una campaña de marketing, no Obra Social, tal y como afortunadamente y bien alto y mucho más claro que yo manifestaron el martes numerosos colectivos que atienden a los que peor lo pasan –ya saben: comer, dormir caliente, tener medicinas y esperanza. Todo lo demás está muy bien, pero es todo lo demás-. Si quien finalmente gestione esos recursos no atiende esa petición que es un grito, habrá un motivo más, y quizá el más fuerte, para no confiar jamás en la solidaridad y ética de algunos.


1 Comments:

Anonymous Juanjo said...

Y más cuando algún "proyecto" pagaba a chicos y chicas por cada firma que conseguían.

5:46 p. m.  

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