08 junio 2008

Poder

Ayer, en uno de esos giros del destino, metí la mano en el bolsillo interior de una zamarra que hacía tiempo que no me ponía –visto el tiempo que hace, he pedido, ya de paso, la nacionalidad islandesa. Ya se me está aclarando el pelo- y, oh milagro, me encontré con un billete de 100 euros. Cómo llegó a parar ahí, ni idea, porque hasta entonces no había visto un billete de 100 euros ni en Google Images. Total, que como últimamente estoy hecho todo un cabronazo, en lugar de gastarme los 100 euros en titos y así inyectar liquidez en la economía vecinal, pues me compré unos cuantos barriles de petróleo. Ya sabrán que el barril clásico, dependiendo de la densidad del petróleo, pesa entre 120 y 150 kilos más o menos. Yo ésos no me los iba a comprar porque el miércoles estuve en mi masajista –la de doler, no la de qué bien me he quedao- y me tiene terminantemente prohibido coger pesos, al margen de que con 100 euros sólo me llegaba para uno –ponme un barril de petróleo, tres barriletes y un flash de limón-. Así que me decanté por estos nuevos modelos de barril de petróleo para especuladores principiantes y que son del estilo de esos de 5 litros que sacó Heineken. Te los venden en el banco, directamente, sin protocolos, sin caretas. Y aquí los tengo, delante mía, los seis barriles alineados en la balda de los libros gordos –esos de fotos de guepardos y tal- y a cada hora que pasa y me meto en mi broker online gano pasta, es una sensación indescriptible, entiendo a Warren Buffet. Ya he ganado 12 euros en apenas un día y tengo controlados todos los mercados desde Yakarta a Winnipeg. Con lo que saque de la venta de tres barriles igual bajo al súper, me pillo 10 kilos de arroz y a seguir esperando a que todo se siga yendo a tomar por culo. Voy a encenderme un puro, qué coño.