20 septiembre 2008

Multa

Despacho de Miranda, jueves por la mañana: “Ponerme con Rábade”. Despacho de Rábade, jueves por la mañana. “Álvaro, eso no lo puedo hacer”. Despacho de Miranda: “Ponerme con el presidente”. Despacho de Rábade: “Perfecto, señor presidente, como usted quiera”. Despacho de Caballero: “Juan Ramón, si lo ha dicho Miguel, se hace y no se hable más. ¿Es que no te das cuenta que para sacar adelante los presupuestos tenemos que buscar hasta debajo de las piedras? Venga, ponerle una buena multa al chaval ese vago que hace la vista gorda y no se hable más, de esas ejemplificantes. Y para el mes que viene quiero el ratio de multas por día trabajado a la altura de lo que debería estar en El Cairo en hora punta. Venga, hip, aro”. Carretera de Oroz Betelu a Olaldea, jueves por la tarde: “Mariñelarena, esto es muy estresante, me parece que voy a pedir que me cambien a edificios”. “Ni lo sueñes Erbiti, hay una lista de espera que da la vuelta a Diputación. Tú multa y calla”. “Ya, ya, pero es que es muy fácil decirlo desde un despacho, con tu coche oficial a la puerta, pero aquí los que nos tenemos que enfrentar al personal somos nosotros, que hay cada cafre que no veas”. “Joder Erbiti, coño, eres policía, ¿no? Haberte hecho tornero fresador”. “Pues no te digo que no, yo es que pensaba que esto era otra cosa, más amable, ya sabes, y no tanta tensión por todas partes”. “Mira, hazme caso. Tú haces bien tu trabajo y nadie sabe lo que pasas cada vez que tienes que avisar a un familiar de un accidentado. Tú sigue así y que les den a estos mandos intermedios que sólo pueden aspirar a eso, a intermedios”. “Vale, vale, pero no me negarás que currar por objetivos no va con la filosofía, ¿no?”. “Mira majo, eres policía, déjate de filosofía. ¡Mira un furtivo! ¿A cuánto está el cangrejo?”.