16 diciembre 2005


Cachete

“Supongo que tuve una buena relación con mis padres. Rara vez me pegaban... en realidad creo que sólo me pegaron una vez en toda mi infancia. Empezaron a pegarme el 23 de diciembre de 1942 y acabaron de hacerlo a finales de primavera del cuarenta y cuatro”. Ésta es de Woody Allen. Está mal pegar a un hijo –no lo he sufrido ni siquiera una vez que yo recuerde, aunque algunas veces me lo merecí. Y con nota-, pero que ahora el Ministerio de Trabajo saque una campaña para erradicar el castigo físico a los niños como si dar muy de vez en cuando un cachete sea el fin del mundo a mí me molesta. Y lo hace porque mete en un mismo saco a una señora que está a punto de tirarse a las vías del metro porque su niño lleva una hora gritando que al clásico cerdo que usa de punchingball a la señora y al niño y luego sale a la calle y es el tío más encantador del mundo. Y me molesta porque trata de elementos sin escrúpulos a aquellos a los que, muy a su pesar, alguna vez han pegado a sus hijos, provocándoles un cargo de conciencia que no tiene relación con el daño físico o moral ocasionado, porque a mí que no me vengan ahora con que un chaval que recibe un tortazo o 14 a lo largo de su vida se va a convertir en un marginado dentro de su propia casa. Porque los niños son mucho más listos de lo que nos creemos y saben que un cachete es el último y triste resorte que les queda a sus padres cuando el crío ha superado todos los límites posibles. Y cuando se van a una esquina a llorar, lloran más porque saben que se lo tenían ganao que por el propio cachete. Porque estamos haciendo de los niños gente sin capacidad de frustración alguna e incapaces de estar más de 10 minutos sin aburrirse mirando un árbol y buscando formas de nubes en la corteza. Y éso sí es preocupante.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Totalmente de acuerdo.

El cachete puede ser saludable, si se cumplen dos condiciones. Ha de ser "ajustado" y "a tiempo". Y esto, ¿cómo se consigue?.Pues muy sencillo, cuando se propina desde el respeto y el amor. A veces nos empeñamos en razonar y convencer con argumentos a niños que todavía no han desarrollado esas facultades. Por cierto, a mi me ha pasado como a tus padres. Nunca me he visto obligado a dar un cachete. Pero en este caso ha sido mérito de mis hijos, que no me han puesto en el aprieto.

6:34 p. m.  

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