07 junio 2012

Autómatas


Contaba esta semana con exactitud suiza Ueli Steck que en su ascenso sin oxígeno al Everest le impresionó, aunque ya lo hubiese visto en imágenes, la inmensa fila de escaladores enchufados a botellas de oxígeno artificial que se formaba los días de cumbre, siguiendo como autómatas a los sherpas. Hay una foto reciente -muy impactante- en la que se ve cómo ascienden por la cara del Lhotse. Cuando superas la cara del Lhotse para llegar al Collado Sur, ya estás en la llamada Zona de la Muerte. La fila me recordó a las escaleras del Subsuelo. Que no ves el momento de salir de ahí. En el Collado Sur del Everest dicen que hay muchos buitres y chovas picoteando cadáveres. En fin, que me despisto. En realidad, a mi esa imagen del Everest me recuerda, me parece exacta, a los actos institucionales, como el de ayer, en el que López dijo que el premio “refuerza mis lazos con esta tierra”. Para lazo el que te está queriendo echar la Universidad de Navarra con la colaboración del gobierno para que alegres con tus eternas obras ese museo que Corpas y su incapacidad –o capacidad- convirtieron de público en privado. Eso sí que es un lazo, eso, como el que une las cuerdas fijas que sirven a los soñadores de gloria de camino a lo más alto, todos haciendo lo mismo, siguiendo el mismo paso, la misma huella, abierta por otros, el mismo toque de corneta, la misma ayuda externa, el mismo sol, el mismo cielo, la misma cumbre enana, la misma bandejita de canapés revenidos. Todos como autómatas rindiendo surrealista pleitesía a dos elementos que, como dijo ayer una paisana en la tele, son “tan cercanos al pueblo”. Tan cercanos como Marte, señora. Al menos los autómatas del Everest se lo pagan de su bolsillo. Aquí, entre todos, llevamos en andas a los cercanos y los faltos de oxígeno.


1 Comments:

Anonymous Txandrios said...

Decadente sociedad de inhumanos oxigenados. Qué gilipolleces hay que decir porque te den un premio.
Salud

10:01 a. m.  

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