15 mayo 2013

Lodos

A la Cámara de Comptos una –una- alta cargo –en algunos casos se les puede llamar, tanto a ellas como a ellos, alta carga- del gobierno le llamaba la Cámara de Coitos, porque “no hacen más que joder”. Suele ser la visión que tiene el gobierno de todo aquello que no sea él mismo, da igual los de Coitos, el Defensor del Pueblo, la prensa –salvo la afecta, que jamás lo es del todo-, los parlamentarios que demandan información y así el resto del universo, salvo que con Comptos no se pueden andar con chiquitas, aunque finalmente se pasen sus informes por el arco del triunfo. Casos hay a centenares. Así que sorprende que sea ahora el propio gobierno –con el apoyo esta vez de Aralar-NaBai- el que le pida a Comptos que sea ella quien fiscalice el patrimonio de los altos cargos, que analice y plasme sus bienes a la toma de posesión y a la salida. Delirante, sin parangón, ya que la Cámara de Comptos está para auditar la gestión de los fondos públicos, no qué dinero gana un consejero, cómo se lo gasta o cómo lo ahorra, en qué lo invierte, si lo dona, si se lo bebe o si lo roba. Para eso está Hacienda y la propia Policía, que haber ya hay. Y, efectivamente, como apunta Luis Ordoki, secretario general de la Cámara, cuando un dinero público llega a manos de un alto cargo ya deja de ser público y pasa a ser privado. Como el de cualquier hijo de vecino. Conocer lo que ganan, correcto. Conocer qué tienen, no. Es así de simple: hasta el mayor cenutrio político del universo y el mayor corrupto tienen derecho a que yo no sepa qué casa tiene. Que lo sepa la Agencia Tributaria y quien corresponda, pero ni yo ni usted, hostia, que ya está bien de tratar de parecer angelitos ahora para tapar con iniciativas cutres el desbarre de tantos años. De aquellos coitos estos lodos.

1 Comments:

Anonymous Txandrios said...

¿Qué intentan?. No es de nuestra incumbencia lo que tienen. Sí lo que se llevan.
Salud

10:12 p. m.  

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