01 octubre 2008

Porno duro
Es sabido que los niños son como los políticos. Los niños, cuando se les llama para que suban de una vez a casa, te saltan con que ya son mayores, que ya tienen “casi 9 años”. Si, por el contrario, les echas en cara que ya es hora de que empiecen a hacerse la cama, te contestan que son pequeños, que “todavía no he cumplido 9 años”. Los políticos, igual. Cuando te sodomizan por cualquier cuestión, echan mano del diccionario o de algún filólogo y te dicen que hay “un repunte de la presión fiscal” o que “la coyuntura no es halagüeña”. En cambio, cuando creen que son ellos los perjudicados, se olvidan de las metáforas y las tonterías y acuden al léxico habitual, sólo que exagerado. Como por ejemplo hizo el lunes la concejal de la cosa de recaudar impuestos, Ana Pineda, que como está en prácticas de dar ruedas de prensa aún se le escapan por la boca declaraciones pornográficas. Porque mucho más pornográfico que una película de Linda Lovelace es que la susodicha nos anuncie que el ayuntamiento sólo nos va a subir el IPC en las diversas tasas y que esto supone que el ayuntamiento va a tener que efectuar “algunos sacrificios”. Hombre, mujer, sacrificios es una palabra muy fuerte. Sacrificio es no comer, no respirar, no ir al baño o cosas así, pero lo vuestro a tanto no llega. Mira, si mejoráis el control de las obras públicas, no hacéis la comida de San Fermín, dejáis de ir a Polonia o a Bayona cada 15 días a hermanaros, no invitáis a Red Bull, obviáis contrataciones a dedo fuera de plantilla u os metéis multitud de mingueces por donde se suelen meter, no tendrás que hablarnos a los ciudadanos de que hacéis ningún sacrificio, porque mira, maja, nos estás insultando, a los que con suerte les suben el IPC si no es que les echan a la calle. Sacrificios, hay que joderse.