10 mayo 2009

Ejercicios espirituales

Una notable y entregada cantidad de miembras –y miembros- de la Iglesia Dylanita del Séptimo Día se reunió ayer en el templo rockero bar Vinilo de Pamplona para celebrar con comida, bebida, canciones y risas el simple hecho de seguir vivos, el inminente 68º aniversario del descendimiento del Señor y, ya de paso, su reciente número 1 en los Estados Unidos e Inglaterra. Por supuesto, hubo facciones de toda clase, como en toda iglesia que se precie, y allí se pudo contemplar a devotos de antes del Concilio Eléctrico del 65, seguidores de la palabra de la Rolling Thunder Revue, fieles a la trilogía cristiana, adeptos a la encíclica Time Out Of Mind y, por supuesto, al núcleo duro, Los Hijos de lo Acústico, rama Freewhelin’. Eso sí, todos compartían una misma premisa, que se encargó de recalcar en su homilía cantada uno de los principales prelados, el reverendo Iñigo Coppel, llegado desde Bilbao vía Madrid: hay cuatro tipos de música; la primera es la de Bob Dylan, luego viene la que influenció a Bob Dylan, después está la influenciada por Bob Dylan y, por último, la basura. Esto, que es un dogma de fe –viene en las sagradas escrituras y si se peca de pensamiento, aunque sólo sea una vez, obliga a escuchar entero el Born in The USA-, fue asentido sin asomo de duda por los fieles, entre los que también figuraban el arzobispo J.M. Baule, rey barcelonés de la guitarra eléctrica, y los cardenales Carlos, Miguel Yofre, Estanis, Óscar, Ismael, Miki, Jessie James y Bitxor, entre otros muchos. Este humilde servidor, que no pasa de monaguillo ya que aún no alcanza 500 discos piratas –el Padre Pachi pasa de los 3.000-, fue todo lo feliz que se puede llegar a ser y aprovecha para agradecer a esta maravillosa banda de seres y músicos a la contra su mera existencia. Qué gozada.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Eres un sol, Nagore.

12:56 p. m.  

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