14 febrero 2010

Histórica

Hablando de El Maestro, el miércoles se hizo carne delante de Obama en la Casa Blanca. Carne y sobre todo huesos, en concreto. Casi 47 años después de que se hiciera carne en el Capitolio junto con Joan Baez en la Marcha por los Derechos Civiles que hizo famosa el discurso de Luther King, El Maestro se metió dentro del centro del poder mundial junto con Wall Street y hizo lo que nadie sabe hacer como él: cantar. Con la voz que se tiene cuando te has fumado medio Pensilvania, nos dejó un The Times They Are A-ChangingLos tiempos están cambiando- que escribió también hace 47 años pero que bien podría haberla escrito el martes a la noche ex profeso para soltársela en el careto a Obama, que es lo que hizo, porque así es él. En el de Obama y en el de todos nosotros, claro, que poco a poco y sin darnos cuenta –o dándonos pero haciendo caso omiso- estamos dejando pasar con total apatía ese posible cambio o cuando menos variación del que tanto se habló hace apenas año y medio cuando los hermanos Lehmann se fueron a tomar por culo. Año y medio después, los herederos de los Lehmann y sus muchos amigos han vuelto de su corta visita al culo y siguen haciendo lo que les place o casi y aquí estamos el resto, peleándonos por las migajas de papel higiénico, discutiendo entre nosotros y sin haber reventado un solo cajero, ni siquiera a bolazos de nieve. El Maestro, que tiene sus ahorros a buen recaudo porque es previsor y ha leído El banquero anarquista, una por una nos lo recordó –mantened los ojos bien abiertos, la ocasión no se repetirá-, que es lo único que se le puede pedir, si es que se puede, a los que hacen canciones: que las canten o dejen a otros cantarlas. La actuación fue espléndida, histórica, como todo lo que toca, como también lo será la oportunidad perdida.

7 Comments:

Anonymous belatz said...

La verdad es que al Maestro lo conozco desde relativamente bien poco,...desde que a unos pirados se les dio por organizar fiestas-homenaje en su honor en una taberna de Buztintxuri. Y chico, vaya descubrimiento...tardío pero importante para la cultura musical de un servidor.

Un abrazo

P.D. Los tiempos no dejan de cambiar ¿menos en Navarra?

9:47 a. m.  
Blogger jorgenagore said...

Algo de eso de la taberna me suena amigo mildedos.
Abrazo.

pd: Navarra, Navarra, me suena tb ... ¿por dónde cae?

11:04 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

"y hizo"

cachisssss....

1:08 p. m.  
Blogger amaiur said...

Pues fíjate, Jorge, yo tengo un maestro más cercano. Menos grande que el de Minnesota, más de pueblo, más de acá, y ayer me fui a Logroño -sin nadie que me quisiera acompañar- a verle. Y convirtió su concierto en un mitin genial. Y tiene gracia, porque nunca he compartido con Víctor Manuel su afiliación ni afinidad partidista, ni entiendo su sgaecismo... pero leches, escuchar Cruzar los Brazos, o Adónde irán los besos, o Asturias, o La planta 14, o Esto no es una canción... Etc. Leches, qué grande.
Me hizo gracia tener que irme a Logroño, porque por supuesto en Pamplona no actúa este 'rojo'. (Hizo un alegato a la Memoria Histórica grande. Muy grande).
En fin, feliz domingo.

1:12 p. m.  
Blogger jorgenagore said...

Aupa Amaiur, a mi Víctor Belén me da pereza, será la edad, ja-ja, reconociendo que esas canciones que citas las habré escuchado un millón de veces y me siguen gustando, pero es que es verle y recordarme que produjo Yo soy esa, con Isabel Pantoja, y entrarme un sarpullido. Claro, que eso no quita para que si te gusta, te gusta, faltaría más.
Abrazos.

pd: al de "y hizo". Jodida sintaxis o como se diga.

2:08 p. m.  
Anonymous Israeliko said...

¿No sabes por dónde cae Navarra, Jorge?
Pero que caer, cae, sí, ¿no?

Cómo te gusta este hombre...
Yo sigo pensando que hasta que mi inglés no sea algo más decente no lo podré disfrutar plenamente.

Víctor Manuel me parece un (algo trasnochado) gran autor y un listísimo hombre de finanzas.

1:39 p. m.  
Blogger jorgenagore said...

gustar es un verbo que no alcanza Israeliko, ja-ja.
Abrazo.

pd: no hace falta sabe inglés.

4:24 p. m.  

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