14 junio 2012

Genial


Iba a escribir sobre la frase del siglo, pero no me noto capacitado. Hace falta mucho talento para, no tratar –porque ya solo intentarlo es puro ego- de estar a la altura, sino siquiera aproximarse. Simplemente, la mencionaré. Es de Roberto Jiménez, vicepresidente del Gobierno desde hace casi ya un año: cuantos más datos sé, más me preocupa la situación de Navarra. Espero, por su salud, que sepa por dónde cae el baño en el edificio en el que mora. No puedo añadir nada a algo así. Es inviable aportar un comentario ajustado, que alcance a expresar una parte ínfima de lo que uno siente cuando la lee. Me pasa con el arranque de Visions of Johanna, con Not Dark Yet entera y algunas más que sería muy largo de mencionar. Como con esas, con esta frase entro en otra dimensión, me succiona el universo entero y aleteo feliz e ingrávido. Enhorabuena, vicepresidente. En comparación, la muy pobre y plagiada Hay que trabajar más y cobrar menos de Barcina es de una elaboración y presentación muy chafarderas –empezar con un Hay es imperdonable- y resultadista, aunque nada sorprendente en quien no se fue al paro 19 días. En cambio, la de Jiménez, como ocurre con las canciones de Dylan, no reducen el mundo a tres minutos, lo abren a infinitas nuevas coordenadas, y nos obligan a cada uno de nosotros a encontrar nuestro propio camino (Jon Pareles). Porque quítenle el sustantivo Navarra y queda Cuantos más datos sé, más me preocupa la situación. ¿No me digan que ustedes no se han sentido así miles de veces, sin saber cómo expresarlo? Ya, seguro que han soltado: no me cuentes, prefiero no saber. Pero no es igual. Porque a él le preocupa. Vamos, que no es un jodido nihilista. Él está implicado. De aquí a Navidad igual hasta aprende a encender el ordenador. Aprovechemos hasta entonces.


1 Comments:

Anonymous Soyamaiur said...

Me gusta leerte todavía con humor. A mí cada día me queda menos.

Y ando por Carlos III, camino de un banco para que presten al 8% dinero para no cerrar mi chiringuito y que 10 familias nos vayamos a la calle; y de vuelta al notario, con la cabeza gacha, el corazón encogido y convencida de que voy a poder con esto... leo a Robertico. Me paro. Respiro. Y comienzo a buscar entre la gente rostros capaces de unirse a mí y hacer un favor a esta sociedad, a este mundo y a este universo. ¡A por él! Se lo debemos a nuestros hijos, a nuestros padres y a nosotros mismo.

6:12 p. m.  

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