10 noviembre 2012

También


Solo vi la sábana, blanca. Llegaba tarde, como siempre, lleno de barro, de cruzar los campos, estaría ingeniándomelas para ver quién se iba a comer mi bocadillo. ¿A quién se le ocurre que un niño de 8 años tiene hambre para comerse un bocadillo en el recreo? A nadie en su sano juicio. El que se tiró por la ventana que daba a una de las entradas del colegio, delante de los ventanales de la clase de Pintura, no lo debía de estar, tampoco. Dijeron que estaba triste por estar lejos de su tierra y que la vida en aquel Colegio Mayor le deprimía. A saber. Era un niño, él. Los que mirábamos aquella sábana sin entender nada, más. El suelo era de gravilla, de la que te arrancaba la piel cuando jugabas, olvidándote del bocadillo y de todo, porque eso es lo único importante: arrancarte la piel a tiras antes de que te la arranquen los demás. Tirarse por una ventana, ya sea por una cosa o por varias, es una derrota global, un vómito en nuestra puta cara de gente que se cree algo porque lleva un bocadillo en la mochila, tiene a alguien que le ama y se lo ha preparado y millones de sonrisas y besos para dar. Todo eso se puede ir al suelo muy rápido, pero no ahora: siempre. La estafa esta en la que estamos es obvio que nos ha enseñado algo más a todos, que nos ha mostrado más cosas, nuestras y ajenas, pero esto ha estado siempre ahí: los bancos y las leyes no se han vuelto mala gente ayer. Ya lo eran. Y lo eran con el beneplácito de muchos de nosotros, por acción o por omisión. Seguimos metiendo el dinero en bancos de los que no sabemos qué hacen con ese dinero, ni a quién desahucian, ni cómo, ni por qué. No llevaríamos a nuestros hijos a un colegio en el que no sabemos qué hacen con ellos. Damos nuestro dinero a gente que arrima sillas a las ventanas. La sábana es nuestra, también.

1 Comments:

Anonymous Txandrios said...

Si habéis visto la película "La vida de los otros", muy recomendable por cierto, un periodista trata de colar de un artículo de la RDA a la RFA. Es un artículo en el que tratan el tema del suicidio, muy elevado su número en los paises comunistas ( y censurado su publicación) y que los sociologos lo relacionan como un claro signo del fracaso de un sistema. Has acertado se pleno. El suicidio como mal social, no sólo personal, es un fracaso que todos debemos repartirnos. Y el goteo va a seguir. Un día un poco más gris el de ayer.
Salud

4:14 p. m.  

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