13 diciembre 2012

Cartera


A mi mi padre también me traspasó su cartera. Por supuesto, saco partido de ella, porque a un padre lo que te traspasa con amor no se le puede hacer ascos. Cierto es que mi padre vendió carteras desde 1956 a 2006 y que yo hasta hará cinco años que se jubiló –porque entró en el consejo de administración de la casa que tiene con mi madre, que al final la muy rata accedió a compartir poderes con él- no he usado cartera jamás y llevaba todo en los bolsillos de mala manera. Con lo cual, le acepté el detalle, aunque ya se está descosiendo por la zona de los billetes –porque los de más de 5 euros me los plastifico- y tendré que echar mano de la segunda y última que me dio cuando cerró su tienda, y no tenemos nada que ocultar, porque, además, yo lo que les facturo a mi padre y a mi madre si por ejemplo les llevo unos pimientos o les acerco el pan se lo facturo a precios de mercado y ellos también trabajan con otros bufetes “libremente designados en función de una relación de confianza profesional”, como por ejemplo mi hermana, otros familiares y amigos y hasta mi hermano, que por fin ha llegado a Israel y le han perdido la mochila. Esto ha causado en casa un hondo pesar, aunque ni mucho menos si el que perdiera la mochila fuese yo, porque mi mochila tiene 28 años, 28, y ha hecho muchos más kilómetros que los mails que recibieron Cervera y Asiain, transportado más cosas que Seur y visto lo que no está en los escritos. Si a mi me pierden la mochila mi padre en persona pone la denuncia y que caiga quien tenga que caer. Porque también me la regaló él y es verde y dura como una roca y lo que no vamos a consentir es que se vayan diciendo cosas por ahí por la prensa porque son cosas nuestras y gracias por la cartera y ¿un cinturón con más agujeros no te habría quedao, papá?

2 Comments:

Anonymous Txandrios said...

Es lo que tienen los "negocios familiares", que se pasan de padres a hijos.
Salud

9:50 p. m.  
Blogger Penny Lane said...

jajajajaja

10:14 p. m.  

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