03 enero 2013

Postguerra


En las películas italianas de postguerra a veces salía un niño con los mofletes para dentro de tanto comérselos y solía ir en pantalón corto o, si era niña, con una falda de color liso y tres o cuatro rayas estilo las tenistas antes de que fueran más famosas por sus modelitos que por cómo juegan. En algunas de esas películas, se paraban delante de un escaparate lleno de pasteles o bombones o veían algún sencillo juguete inalcanzable y daba por el culo porque salías disparao a la calle a buscar a ese niño o niña tan monos y ese escaparate pero no había o si había eran otros que no sabías si tenían necesidad y no eran de los que te habías encariñado ni te habían partido el alma y además para cuando te dabas cuenta de que no los ibas a encontrar ya se te había pasado el impulso y te comías un pastel de trago. El otro día vi uno así, en pleno centro de Pamplona, en la plaza del Castillo. Tenía unos ojos gigantes, unas pestañas como el trampolín de Garmisch-Partenkirchen y unos 3 o 4 años, patas cortas, manos regordetas y mofletes rojos. No tenía pinta de pasar hambre. Miraba a los camellos alucinado, apoyado en las vallas, con su madre, señalando. Lo que estaba al otro lado de las vallas era inalcanzable para él y para su madre: es muy caro, cariño, no podemos. 6 euros por dar una vuelta en un camello y una foto, creo que valía la ilusión de ese niño en pleno centro de la ciudad, en pleno reclamo general para que los niños crean en eso. Maya quería subvencionar con 49.000 euros a los que organizan la Cabalgata. No sé en qué quedó, pero ya que no le obligan a Lizaur a dejar de hacer el fiemo, al menos que no les dejen hacer negocio con la ilusión de niños que se van para casa mordiéndose los mofletes y con las lágrimas saltando por el trampolín de sus pestañas.












4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Aupa Jorge !!

6:42 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Bellisimo

12:19 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Lizaur ha vuelto a hacerlo. El fiemo. El camello ha perdido la oportunidad de lanzarlo al río en el puente de la Magdalena y, arrepentido, se ha tumbado y se ha negado a seguir cargando con él. O eso o el Lizaur, que no es precisamente un peso pluma y se mueve como un histrión, lo ha reventao.

Orundelico

10:51 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

No me parece justo, Jorge. No lo es para el niño, pero tampoco para los organizadores de la cabalgata, que se tienen que romper los sesos para poder financiar eso que esta noche han visto gratis miles y miles de personas. Los socios tampoco somos muchísimos, a algunos tampoco nos sobra para viajes en camello y los patrocinadores cada año están más pobres. Si tienes otras ideas para la financiación, seguro que te escucharán gustosos.

11:26 p. m.  

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