03 febrero 2006


Barata colleja

Da la sensación de que ir por ahí haciendo el idiota y abofeteando gente sale casi tan barato últimamente como comprarse un cartón de tabaco, dos a lo sumo. Nada, que 50 euros de multa le han caído al adulto (26 añitos tiene ya la criatura) que, junto con otro compinche, campaba a sus anchas por Barcelona arreando sopapos al personal y grabándolo todo con la cámara del móvil. Vamos, como los drogos de La Naranja Mecánica pero en plan más fino y más tecnológico. El juez, porque lo ha juzgado un juez en un juicio de esos rápidos, tan rápido como una bofetada, le ha rebajado la sanción de 900 a 50 euros porque el infractor se ha confesado arrepentido y, como suele ser la norma en estos casos, ha asegurado que él sólo conducía el coche, que el malo era el otro, que a todo esto no se presentó al juicio. Siempre me ha parecido asombroso que, en casos como éstos, un arrepentimiento sirva prácticamente para irse de rositas, mucho más que si, por poner, vas por la calle Tallers de Barcelona a por unos vinilos y escupes, que entonces, según una ordenanza bien reciente, te pueden caer entre 300 y 1.500 euros de multa. Que sí, que escupir por la calle es una marranada, pero anda que sale mucho más caro que soltarle un boinazo al propio alcalde y grabarlo con el móvil. Aunque me imagino que si le atizas al alcalde, pues te caería más multa, pero como se las das a los que tu crees pringaos que van por la acera a su aire, pues nada, 50 euros, casi lo puesto, tócate los pies y silba. Vamos, no digo yo que le apliquen el Tratamiento Ludovico como a Malcom McDowell en la peli, pero, la verdad, ofrece bien poca confianza en la justicia que uno llegue a un juzgao, diga que se arrepiente, suelte la pasta de la cena del sábado y salga a la calle tan campante y en paz con el mundo.