29 marzo 2006


Demasiado

Para los que jamás hemos comprado un disco de Rocío Jurado y que a lo sumo hemos escuchado algunos fragmentos de Como una ola, la retrasmisión en directo de su enfermedad nos produce más o menos el mismo efecto que en Chipiona podría producir la por supuestísimo nada deseable e hipotética noticia de que El Drogas tiene la enfermedad de Huntington Korea. El pesar va siempre por barrios y pocos son los que pueden lograr ponernos a todos unánimes o casi, no ya en buenos deseos, que de esos hay para casi todos, sino en alabanzas postreras y necrófagas, que tanto se llevan, ministerios y medallas al trabajo incluidos, en este país de cinta de cassette de gasolinera. No osaré ser el que critique el espectáculo que todas las cadenas sin excepción están ofreciendo desde que la enferma llegara de Houston, agravado por el fallecimiento igualmente triste de otra artista de similar calado aunque de mayor éxito profesional –y, por encima de todo, con unos hijos que no han hecho bueno eso de cría cuervos y tendrás muchos, como le ha pasado a la Jurado con sus derivados: la Rociito, el ex yerno, el Albiac, la Mosquera, el Tony, la sobrina-Profiden y paro-. No osaré porque para qué, que las cadenas cogen el share (aunque me encantaría que los shares, como las ventas de discos o libros, se dieran por comunidades, para saber dónde vivo) y ahora mismo firmarían que cada mes enfermara una folclorica o un torero. Pero lo que realmente me repugna de todo esto es una frase que escuché a un supuesto periodista al morir la Durcal y que dice así: “Esperemos que Rocío Jurado no se haya enterado de la noticia”. Al resto de enfermos de cáncer les pueden ir dando pomada, pero que no se entere la Jurado. La Jurado, pobre, no está ya para enterarse de casi nada. El resto, de demasiado.

1 Comments:

Blogger Cabeza Mechero said...

Igual es a eso a lo que le llaman libertad de prensa. El morbo que genera lo de la Jurado seguramente llegará a límites insospechados, lo de la Ordoñez un juego de niños al lado de esto. Que nos dejen en paz y se olviden de ella, nos harán un favor a nosotros y su família también, incluso más. Ni me gusta como canta, ni su rollo, ni su marido, ni su yerno, ni su casa, ni su perro, como a muchísimos otros; la diferencia es que algunos que piensan como yo ya tienen comprado el modelo tanatorio y las cebollas se les empiezan a macerar en el bolso a juego.

Esto la pone al nivel de Bob Marley, Warren Zevon o George Harrison, y al de todos los fulanitos de tal ingresados en cualquier oncológico del mundo. Para esto, ni siquera don dinero. Ya ves.

3:28 p. m.  

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