06 enero 2008

Hermanitas

Para no aprovecharse de mi inmensa fama -juas, juas-, mi hermano Guillermo cambió hace años su nombre artístico y se hace llamar Guillermo el del Toro. Es que le pilló un toro en el 92. Eso no lo puede decir mucha gente, ¿eh? Porque no está bien aprovecharse de la fama ajena, no. Miren si no Warren Beatty y Shirley MacLaine, que son hermanos y usan distintos apellidos. O Emma Penella, Elisa Montes y Terele Pávez, que también son hermanas. En cambio, ya tenemos en el estrellato a un nuevo Cruz, qué cruz. Se llama Eduardo, tiene 21 años y, según dice él mismo, es músico, compositor y cantante. Hace un tiempo que dijo también que ser hermano de Penélope y de la otra –no me sale el nombre- “nunca lo he visto como un beneficio”. Te hacen falta gafas. Acaba de sacar su primer disco y su primer vídeo, en el que sus hermanas hacen de golfas y se besan y enseñan cacha. Eso no es beneficiarse de la fama de tus hermanas, qué va. El vídeo está muy bien, hasta que el tío empieza a cantar. Intenta ser una mezcla de Enrique Iglesias y Lenny Kravitz cuando hacía vídeos en plan castigador. Fueron los cinco minutos y dos segundos más largos de mi vida, porque la canción –o lo que sea- es directamente delictiva y la letra, inenarrable. Pero poniendo a sus hermanas de lesbianas –lo qué hay que hacer por un hermano pequeño, ¿eh, Guiller?- ha logrado que se hable de él, aunque sea mal. Luego seguro que dirá que lo difícil no es llegar sino mantenerse, que es otra gran mentira. En música es mucho más complicado llegar que mantenerse y disco de mierda que sale al mercado es un disco de gente con talento que no sale, así de claro. Triunfará, es obvio, porque el chaval es mono y todo eso y ya sabemos cómo carbura este mundo de según que infecto pop. La familia, bien, gracias.