20 abril 2008

Calles

Pues a mi lo de quitar los nombres de las calles franquistas me parece una tontería, porque, como bien dijo uno de nuestros tenientes de alcadesa, José Iribas, ahora cambiarlos les va a suponer a los vecinos un engorro burocrático tremebundo, con los carteros medio tarumbas y los del Telepizza con las pizzas frías. Si las calles se hubiesen llamado, por poner, pasadizo de Argala, avenida Iturbe Abásolo o bulevar Urrusolo Sistiaga intuyo que Iribas hubiese dicho lo mismo respecto a la burocracia, ¿a qué sí, José? Y digo que me parece una tontería porque hacerlo sólo con ésas no arregla casi nada dentro de este inmenso marasmo y descontrol que es el poner a las calles los nombres que a los distintos ayuntamientos y archiveros municipales les apetece. Por ejemplo, si estamos en un país laico, no sé a qué viene tener tanto santo en el callejero, con un par nos bastaría. Yo mismo vivo en una calle santa y me gustaría mucho más que la calle se llamara, yo qué sé, calle Bratislav Obucina, que es más actual y además jugó aquí, no como mi santo, que no pisó esto ni en pintura. Por no hablar de que vamos a tener –o igual ya tenemos- una que recuerda a Juan Pablo II. Hombre, si también hubiera otra en honor de Monseñor Romero o de Casaldáliga pues a lo mejor hasta tenía un pase la inventiva, pero ponerle una calle a un tipo que aseguraba sin ruborizarse a los negros del África que follar con condón es pecado a mí sí que me parece pecado, y gordo. Por no hablar de los reyes, que todos en su totalidad fueron unos déspotas, asesinos y bárbaros, pero que se ve que tienen mucho predicamento también, que les ponemos una calle como si no les hubiera bastado con ser reyes y tener a todos bajo sus pies. Vamos, como que no hay nombres de pueblos en Navarra para llenar el callejero.

1 Comments:

Blogger Tatu said...

¡Fuera caretas! Los demócratas de toda la vida iban a recurrir la decisión del TAN y seguro que estaban a punto de volver a llamar "Avenida de Franco" a la "Avenida Baja Navarra", para que el Ambulatorio General Solchaga estuviera en un marco adecuado. Sus argumentos eran de peso: que si el nombre de las calles no es símbolo de nada, que si estaban dedicadas a franquistas poco señalados... Hombre claro, ya se sabe que llamar a un bulevar Urrusolo Sistiaga estaría mal, pero al parecer ya no estaría tan mal dedicárselo a algún condenado por colaboración con banda armada. A ver qué nuevo nombre se sacan de la chistera para el ambulatorio de la calle San Fermín, ¡glups!. Como la memoria histórica de UPN tiene más agujeros que un queso de gruyère seguro que no se lo dedican a Santiago Ramón y Cajal, único investigador navarro premiado con el nobel. En 2006 se cumplían cien años de su concesión y no hicieron ni un acto de homenaje, ni un solo gesto. No les fuera a empañar el año javierano

10:18 p. m.  

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