14 noviembre 2009

Helsinki

Como todos ustedes, he visto Noche en la Tierra, ésa de Jim Jarmusch en la que un taxista de Helsinki recoge a tres amigos, uno de los cuales está perfectamente borracho y dormido, y el taxista pregunta por él y los amigos relatan la penosa vida del amigo, justo antes de que tome la palabra el taxista y les cuente su propia vida, infinitamente más triste aún, en un Helsinki vacío y nevado y frío, en lo que para algunos de los críticos de la época suponía una mofa de Jarmusch al cine tristón y depresivo de los hermanos finlandeses Aki y Mika Kaurismaki. Corpas ha estado en Helsinki. Hablando del Camino de Santiago. Corpas, Helsinki, noviembre, Camino de Santiago… No me extraña que los finlandeses beban. Según dicen, nuestro hombre en Helsinki, tierra de legendarios atletas de fondo, camina por sus calles por cortesía de Turespaña, que es cosa pública, y, con tan magnas y seguro que animadísimas conferencias –porque él es la alegría en persona y por correo-, evita su presencia por estos burdos andurriales cuando se conoce que su departamento de él ha recortado numerosas partidas hasta la asfixia, aunque sin tocar a dos de las niñas de sus ojos: la Orquesta Sinfónica de Navarra y, al parecer, la Fundación Arquitectura y Sociedad, a la que se le doblaría la ayuda, y que emana del otrora íntimo amigo de don Gabriel Urralburu Taínta, Francisco Mangado, ahora íntimo del alegre y ex comunista que pasea por Helsinki a costa de Turespaña. Esa misma Turespaña de la que al llegar a su cargo en 2003 –cómo pasa el tiempo de rápido para los poetas- ya tenía una firma para construir un parador nacional en Irache que seis años y medio después aún sin iniciarse está, estancado y deprimido como una película finlandesa o un consejero taciturno sin un famoso con el que retratarse.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Lástima no se quede allá, congelado hasta la barba.

2:38 a. m.  
Blogger Hastiado said...

Coño, pues Helsinki es una ciudad curiosa para quedarse un rato a ver cosas nuevas. Yo estuve hace un año, final de noviembre, y no hacía mucho más frío que aquí. Todos los taxistas hablan inglés, y los conductores de tranvías, y los camareros y los maderos, y hasta los borrachos, que los hay a patadas, porque sí que es verdad que beben como hijos de puta.. A mí, los aborígenes con lo que iba, los muy cabrones, me sacaban los chupitos de Jägermeister de tres en tres, hasta que no rodé de milagro.

Las tías se tiñen los pelos de negro tizón y los morenos barbudos tenemos crédito casi ilimitado con ellas en los bares a partir del segundo litro de cerveza, cuando ya no sabes ni en qué hablas, pero gesticulas como un poseso y te ríes como un loco, como en casa, que no hay nada extraordinario, pero que tampoco acostumbrados están allí a esas efusividades. Talk me in spanish te decía alguna... no te jode... y a mí sólo me salía pedir auxilio a San Fermín, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, con la misma lengua que un día siete de julio a las siete, de la mañana. Qué estampa...

Conducen como suicidas y no candan las bicis en las puertas de los edificios. Gente ingenua y tímida a la que se la metes doblada con cualquier sandez. El café es una puta mierda, por cierto, y en las casas te hacen descalzarte en la entrada, por humillante supongo, que ni que llevaras tacos de aluminio para joderles el entarimado.

Pasé por Nokia, que es un pueblo, y te quedas mirando el trasto que traes y piensas si quedaría igual si se llamara Falces o Zugarramurdi... Sumbilla conecting people. No sé, no acaba de convencerme, quizás Cascante.

De resaca, una tarde de domingo, subí a la torre del estadio olímpico sólo para sacar fotos al tartán en la que se hizo grande Zatopek en el 52. Chorradas, supongo, pero las guardo con gusto por aquí. Luego volví a casa, seis cristales climalit, con dos cojones, y doble puerta de entrada, a robarle internet a la vecina, a toda hostia, para escuchar cómo perdía Osasuna. Bendita globalización... que hay cosas que no cambian ni aquí, ni allí ni en Cuenca.

A corpas se la habrán recomendado los Barricada, que por Helsinki estuvieron agitando o mezclando las canciones del último disco, dicho sea de paso, tan sorprendentemente bien tratados por los estamentos estamentales. Extraños tiempos, pero nuestros, qué remedio o qué cojones.

4:34 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

coño Hastiado dile a Nagore que te deje escribir de vez en cuando su columna...

9:59 a. m.  
Blogger P said...

Yastá, el vino de cocinar a hecho efecto: Hel sin ki? Paeso fué el excomunista, pa resolver problemas poético filosóficos ¿Sin ki?, ¿sin ki?

3:08 p. m.  

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