21 septiembre 2011

Películas


No les he contado –y lo que no les contaré- que soy actor de doblaje. Esto no es solo verosímil sino incluso cierto, porque cuando dudo llamo a Morotov y se lo pregunto: que sí, pesao, que éramos nosotros. Dos años nos costó. Dos años y unos 200 viajes de ida a Donosti con Amanece que no es poco escuchado en cinta y 200 de vuelta con unos comunistorras italianos llamados Nomadi -¡io un giorno cresceró…!-. Lo pasé muy bien, porque desde el inicio vi que no estaba hecho para aquello y eso libera un montón, mientras admiraba la voz y el talento del compañero Morotov encajando tomas e interpretando al tiempo. Yo es que dos cosas a la vez, no, que soy hombre –tú eres de la Txan, Javi, sois especiales-, porque interpretar y modular y poner voces mal que bien lo hacemos todos, pero la cosa estriba en llenar la boca del actor cuando la llena él sin que se note que no es él. Una singularidad en la que yo, aún con cierta gracia, me atoraba, porque la técnica nunca me ha entrado, a mi pesar. Y el tema es que le han llamado a Morotov para doblar a Iribas, que le han dicho, a Iribas, que tiene exceso de voz de cura con voz de cura, aquello que mi tío Jesús Mari, que era cura, llamaba voz vaciaiglesias. Lo bordará, Morotov, porque además ha sido castañero y librero y es experto en soltarles milongas a los niños y a los mayores y se cae de puro bueno, como Iribas, vamos, pero vamos lejos. Javi aún no lo sabe, porque vive en pueblo y allá está con su chica y los camaraditas. Pero lo hará perfecto, ya que al hablar Iribas y Javi en el mismo idioma –idioma de hablar, claro- pues irá genial, que Javi supera la literalidad de lo que tiene que decir, que hasta nos tocó doblar pelis porno y después nos echábamos el cigarro y tan bien. Esto será peor pero que Dios te asista, tovarich.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

vamos, pero vamos lejos.

jaja

7:18 a. m.  

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