10 diciembre 2011

De vinilo


Tengo un amigo en el paro. Nos vemos menos de lo que deberíamos, por mi culpa. Lleva en el paro más de dos años y hace unos meses que se le ha acabado la prestación. A pesar de eso, aún tiene para comer y para reír –eso siempre, hasta hartar y hasta que duele-. Él tiene 53 años, un estado de salud perfecto, una inteligencia perfectamente equiparable a la de cualquier diputado –perdón por la comparación, compadre, jaja- o enterrador o incluso más y un corazón como esta página. Hace poco me contaba que estaba en el Vinilo de Buztintxuri de café con el gran Charly y que otro cliente, que se encuentra en casi idéntica situación que él, le dijo: yo ya tengo asumido que no voy a volver a trabajar en mi vida. No me dejan. Sé que los textos de esta semana han sido hasta hoy nada divertidos, pero es que para mucha gente no ha existido el puente –yo me piré ayer, esa suerte tengo, mucha- y que la cosa esta del amor universal de la Navidad les va a sentar como un tiro en un pie. Evidentemente, en Somalia están peor, pero no por eso nos metemos en la fuente de Príncipe de Viana todos en pelotas felices de vida a dar saltos y gritar ¡pero en Somalia están peor, qué suerte tenemos! Que sí, que tenemos mucha, casi todos. Pero 53 años y la certeza de que no vas a trabajar nunca más, de que no vas a tener la posibilidad de hacerlo, es una tragedia, cuando la media te dice que te quedan unos 30 más por aquí, que son miles de años, en realidad, si los aprovechas bien. Mientras, los periodistas jóvenes que empiezan hoy, haciendo idéntico curro al que hacía yo hace 15 años, cobran la mitad. Con suerte. El dinero, como la energía o el amor, no crece ni decrece, se traslada. Alguien lo tiene y algún día habrá que ir a por él. Este es nuestro particular Plan Moderna de la hora del café.

5 Comments:

Blogger P said...

Darling: En lo que no esttoy de acuerdo es en lo de que nos quedan 30 más por aquí. Eso ya pasó a la historia, lo hará en breve, cuando ya no nos den pastis y nos quedemos sentados en el suelo del pasillo del hospital retorciéndonos de dolor. El otro día leí que la curva de demanda por discapacidad iba descendiendo, es decir la vamos diñando, y eso era una buena noticia. Como en los viejos tiempos, darling. Ni trabajo ni imserso, a morirse de asco.

12:20 a. m.  
Blogger tomas belzunegui said...

Leo habitualmente tu columna y no tengo ningún problema en reconocer que me gusta, quizás lo que más me gusta de todo el diario. Pero la columna de hoy ha tenido un pequeño borrón. Soy enterrador del cementerio de Pamplona y francamente no se que mecanismo mental te ha llevado a meterme en el mismo saco que los políticos cuando hablamos de inteligencia. Espero que no sea ninguna fijación extraña con respecto a una ocupación tan honorable como cualquier otra ¡¡soy enterrador !! y a mucha honra. Por cierto, voy a seguir leyendote porque me siento muy identificado con todo lo que escribes pero sinceramente no he entendido lo de los enterradores....

3:33 p. m.  
Blogger jorgenagore said...

Tomás, como podía haber puesto periodista, lo primero que se me ocurrió, en serio. Un trabajo honorable, vamos, en contraposicíón al primer citado. abrazos.

12:07 a. m.  
Anonymous chipatero said...

Hola Nagorefrauca, ya que has comentado el tema de los parados o de "la población activa en situación de desempleo" (miserable eufemismo creado por los que propician esta ruina), te/os comentaré mi percepción. Yo estoy parado (eso sí es real), llevo un tiempo y me he dado cuenta de una cosa que me produce una rabia indescriptible. Estoy incluído en varios procesos de selección, y cada uno de los que realizo es distinto, pero hay un denominador común. La gran mayoría de las empresas a las que les puedes hacer ganar dinero, te tratan de manera exquisita hasta el momento en que deciden que no reúnes las condiciones requeridas para el perfil que buscan. En ese momento dejan de tratarte como a una persona y te echan al zurrón de las unidades de producción.Eres algo intangible, algo teórico. Nadie tiene la decencia de llamarte para decírtelo, ni siquiera un correo institucional tipo, nada.Somos como los muertos vivientes. Estamos ahí, pero parece que como no producimos no merecemos nada. Somos una jodida estadística, utilizable por unos y un lastre para otros, pero en realidad nadie nos considera nada.(Cuando hablo de nadie, de unos o de otros, me refiero a políticos, instituciones públicas , sindicatos, empresas). Yo estoy empezando a pensar que no soy válido, que estoy obsoleto. Sólo espero una cosa. Nada es para siempre, y sueño que los que así nos tratan sientan alguna vez en sus carnes esta miseria, que sufran, que no sepan qué decirles a sus hijos cuando les preguntan, que crean que el día dura 50 horas, que hagan cursos con la falsa esperanza de que les van a ser útiles. Y yo estaré allí para verlo y para regodearme, y para descojonarme de ellos. Y que cuando les pase les dure una eternidad. Me lo dijo Tom Waits una vez, "eres inocente cuando sueñas"......
Salud compadres.

11:30 a. m.  
Anonymous Txandrios said...

"Alguien lo tiene y algún día habrá que ir a por él". ¡¡¡A por ellos, OÉ!!!.
Salud

12:28 p. m.  

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