06 diciembre 2008

Memoria

Dentro de un par de semanas, como mucho, los más memoriosos de entre los que no le conocíamos habrán olvidado el nombre de Ignacio Uría. Los menos capacitados para archivar tanta información, tardaremos menos de una semana. Sí, no olvidaremos tan fácil el resto, la sensación, el hartazgo, las imágenes de su familia y amigos, pero al fin y al cabo olvidaremos su nombre, como hemos hecho desde hace 40 años con muchos y muchos, empezando por Alfredo Aguirre, siguiendo por ... -¿recuerdan ustedes cómo se llamaban los dos asesinados en la T4?- y por ahí casi hasta el infinito incluso de las desapariciones aún no aclaradas, como las de Pertur –muy famosa- o la menos recordada -excepto por familia y amigos- de José Miguel Etxeberria Álvarez. Y en un mes o así habrá desaparecido toda la sensación posterior a cuando conocimos la noticia, una sensación que sólo se reactivará la siguiente vez. Olvidar un nombre no implica que uno se haga el sueco ante el recuerdo de algo, pero denota a las claras que tantos años de miseria y de esquizofrenia en lo único que nos han convertido es en personas incapaces de funcionar de un modo normal, tal y como funcionarían en otros lugares. No digo que funcionemos mal, que tengamos que autoflagelarnos todas y cada una de las mañanas, pero sí que nuestros cerebros, agotados de tanto tiempo invertido en hablar de esta gente sin llegar a ninguna parte –ocupa el nº1 en el ranking de conversaciones inútiles- y de tantas sensaciones pésimas que, como mal menor, nos han hecho padecer, buscan puertas de salida constantemente, lo que, obviamente, es bueno y totalmente necesario para nuestra salud mental pero pésimo para afrontar la triste realidad de las cosas. Ellos saben que es así y a eso juegan, amén de no saber jugar a otro juego
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1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Cierto que son el número 1 en el ranking de las conversaciones inútiles. Esta gente hace siempre lo mismo. Invariablemente.

Quizá habría que dejarles para el lugar más pequeño, sin publicidad, que parecen buscar continuamente. Quién sabe. Nunca se acaba.

3:26 a. m.  

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