24 mayo 2009

Al límite

Si mañana ven en el programa Gente que alguien ha disparado a un acordeonista soy yo. No les saludaré porque como soy tímido me aterran las cámaras. El único problema al que me enfrento ahora mismo es encontrar un arma, porque a escupitajos creo que todavía no ha muerto nadie, salvo si el que escupe es Shane McGowan, que no te mata pero te emborracha y lo mismo te la pegas con el coche. Además, acertar con el acordeonista desde mi ventana no está al alcance de cualquier escupidor, se necesita un entrenamiento y yo soy algo vago, por naturaleza y casi diría que por convicción. ¿Dónde se compra una pistola, o un trabuco? ¿Y esa violencia? Nada, ojo por ojo, instinto de supervivencia, un punto de esquizofrenia mezclada con tiempo de tormenta y 600 interpretaciones seguidas de Clavelitos, lo normal de mayo. El acordeonista me da que va a ser el primer intérprete callejero que se está ganando a pulso que le montemos entre los de las calles cercanas una coordinadora o le paguemos entre todos un charter al valle del silencio, porque unos temillas los aguanta cualquiera, pero semejante tostón reiterativo crispa los nervios del más templado. Es como Anguita con programa, programa, programa pero sin contenido ni alma, que es lo que pasa cuando eres un acordeonista de karaoke, que tienes todo el derecho del mundo a ganarte la vida pero vas a acabar por ganarte un par de ostias, que una cosa son el respeto y la comprensión de la problemática ajena y otra la santidad y la sordera. Así que estás avisao, chaval, o cambias de calle o de canción más habitualmente o aquí va a haber una masacre. Además, ya sabrás que el acordeón en general es un instrumento algo triste, a no ser que toques polkas. Coño, se ha callao. A ver... Anda, se lo llevan detenido. ¡Dejármelo a miiiii!

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Haz como hacemos los de las tiendas,pagarles para que se vayan a otra esquina.Animo Jorge y que no decaiga

5:48 p. m.  

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