12 noviembre 2011

Estas letras


El 29 de noviembre hará ocho años del último concierto de Tijuana. Iba a ir con un amigo, pero no pudimos. Mi amigo había trabajado con uno de los dos cantantes y, además de eso, coño, eran los Tijuana. Tras ese último concierto, uno de los cantantes, Marco Antonio Sanz de Acedo, Gavilán, Eskroto, el que había trabajado con mi amigo, tomó su último tren. Ayer por la tarde, tras salir de donde hace 71 meses vi por última vez a mi amigo, fui a recoger algo a la oficina de este periódico. Iba pensando, de esa manera rara en la que se piensan los textos, de un modo inconexo, en qué contarles hoy, hasta que abrí el paquete. Era el Desire, de Bob Dylan, editado en 1976 en Yugoslavia. Venía, como en otras ocasiones, con una nota, en la que el autor del regalo me contaba que él y su chica lo habían encontrado en un mercadillo en su reciente viaje a Serbia. Tengo varios discos de estos en casa. Y todas las notas. La persona que me hace estos regalos que me desarbolan por completo, que me dejan en la acera de la oficina comercial sentado en un bordillo, era amigo de Marco Antonio Sanz de Acedo. Jamás hemos cruzado una sola palabra acerca de él, ni de mi amigo, ni de nada que no sean sus viajes, mis textos, mis canciones o las suyas. No sé dónde enviarle algo, ni dónde vive, ni su teléfono. Nos hemos cruzado alguna vez por la calle y nos miramos de reojo, temerosos, como niños, conscientes de que si hablamos romperemos la magia. Creo que él agradece algo que escribí de Eskroto hace años, aunque no lo sé. Cantaba Dylan que 10.000 dólares pondría en la copa de un sombrero por estar otra vez todos juntos en aquella habitación. No tengo 10.000 dólares, ni tú los quieres, solo tengo estas letras para darte las gracias, completamente mudo. Y no alcanzan. La vida sigue igual. Bien.

4 Comments:

Blogger Iñaki A. said...

No hay por qué hablar con lo que más se (exagerado ama, más ajustado quizás, aprecia).
Así Thelonious Monk - Cortázar testigo desde la fila cinco - investiga, rodea, acaricia, sondea, ya es casi seguro que no cree en el piano, y sin embargo lo toma, lo mira, lo lee y por fin hunde sus pezuñas como el oso en esa miel blanca y negra. Morosamente, amorosamente.
Pero no habla al piano. Pero jamás le habla. Pero siempre la fusión es total e infinita (¿para qué las dimensiones?).
Cortázar, desde la fila cinco, tampoco habla, pero lo escribe, lo describe con maestría insuperable. Como Thelonious.
Los intentos de repetir este ensemble son siempre dignos de alabanza, y esta vez, Nagore, has logrado además trasladar un clima, un sentimiento, una emoción. Gracias otra vez.

12:49 p. m.  
Blogger jorgenagore said...

Uff, Iñaki A, años luz, años luz.
abrazos.

6:49 a. m.  
Anonymous Alvaro said...

Nagore, ya me has emocionado varias veces y nunca te lo he dicho... Ya era hora, supongo.
Te confieso que me llegas y que casi siempre que entro en este puto periódico (con cierto cariño), voy corriendo a tu columna, a ver si me metes un meneo como el que me acabo de llevar...
Tienes algo que llega, cuídalo y cuídate...
Gracias tío y...... ah!!!!, que si, que Dylan es la ostia y los Tijuana la bomba.
Don´t think twice.

7:56 p. m.  
Blogger jorgenagore said...

gracias alvaro
para bailar con la que tú.
abrazo.

10:16 p. m.  

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