04 marzo 2012

Alegría


El 26 de enero de 2012 será un día que pase a los anales. Ese día, en mitad de la tormenta, de entre las nubes cerradas, una columna de luz, de las buenas, de las que parten de la nube siendo una sola columna y caen sobre el suelo convertidas en varias, como los panes y los peces y la bondad universal, la consejera de Empleo, Lourdes Goicoechea, aseguró que algún plan nuevo que iban a presentar “es la línea para reactivar un poco la economía y que tengamos también un poco de optimismo, porque nos falta confianza y alegría”. Me encantan los optimistas, los libros de autoayuda y toda la falacia comercial esa de la escuela del pensamiento positivo y mañana saldrá el sol y eso de Sabina de el campo está verde debe de ser primavera. De hecho, hasta los pesimistas son los mayores optimistas, porque confían ciegamente en que todo irá a peor y a esa ilusión se aferran, para soltar después el muy universal ya te lo decía yo. No han pasado 40 días, en el medio de los cuales la consejera no ha dejado de augurarnos decenas de nuevos proyectos y planes que van a generar millones de empleos, y el optimismo nos ha dejado 4.998 nuevos desempleados, lo que -sin usar las tácticas de los comercios que le quitan un milicéntimo a todo- son 5.000. A los optimistas esto no nos alegra, no crea, señora Goicoechea, porque hay tanto dolor, ¿verdad? Bueno, no sé si ustedes lo saben, no sé si ninguna o ninguno de ustedes han estado jamás con la cara –la propia, no vale más que la propia- contra el barro, ni posiblemente lo estén nunca. No se respira bien, mientras, como dice El Maestro, está toda la gente guapa bebiendo y creyendo que lo tienen todo hecho. Haga usted su trabajo, consejera, pero no nos hacen falta sus mensajes ni consejos. Que no queremos convertirnos en pesimistas por su culpa.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

La pena es que el pesimismo se ha instalado en nuestras vidas. Si buscas en la prensa una buena noticia, cuesta muchísimo encontrarla. Bueno, no es que cueste, es que no hay.

1:37 p. m.  
Anonymous Txandrios said...

Quisiera corregirte en la cita de Sabina No es optimismo. Es simple inferencia. Puesto que el campo está verde, debe ser primavera porque sólo en primavera surge el verde. Es el problema, que no damos a las cosas el nombre correcto. La gente no está llena de pesimismo, ni está pasota. Está de una mala hostia que flipas. Vamos, un Itoiz que le falta una puta gota para rebosar. Y tanta agua junta y desbocada da miedo, mucho miedo. Porque aparentemente esta tranquila, en calma, relajada, pasota incluso. Hasta que se mueve toda al unísono.
Salud.

5:13 p. m.  

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