
Total que tenía una diatribilla al hilo de Puras, pero va a ser que no, que me ha entrado la duda. Bueno, no exactamente, más bien que la Barcina le acaba de pasar por la derecha como una exhalación. Porque nuestra nunca bien ponderada alcaldesa se va a convertir en la primera persona tras 30 años de democracia que lanza el chupinazo por segunda vez, en una nueva demostración de que todo lo que puede ir a peor, irá. Porque si ya hace dos años nos quedamos moscas con el saludo de Saralegui, si el año pasado alucinamos aún más con lo de Eskubi y la posterior intervención salvadora de las esencias patrias estilo Super ratón de nuestra nunca bien valorada alcaldesa, este año ella misma se ha encargado de elevar el listón todavía un poco más alto. Que nada, que tiene 12 compañeros de partido en la corporación y han decidido que sea ella la que prenda la mecha, con el general regocijo. La verdad, otro ejemplo más de que el invento este del chupinazo degenera a marchas forzadas. A este paso, llegaría el día no muy lejano en el que se nomine a cinco candidatos y nos los saquen en pantalla como hacen en los Oscar en el preciso instante en el que leen a cuál de ellos va a parar tan entrañable momento. Sí, sabemos que hay un bando o acuerdo o regla o lo que sea que delega en los políticos dar el inicio a esta desaforada fiesta. No les basta con meter mano en todo lo que pueden cuando no es fiesta y también tenemos que estar pendientes de ellos y sus tejemanejes para poder empezarla. ¿Es un poco mucho, no, estar permanentemente en la palestra o por una cosa o por la otra? Confío que algún día alguien, desde dentro, pugne por cambiar esa regla o lo que sea y que usted y yo tengamos las mismas opciones de lanzarlo que el resto de empadronados en esta ciudad con tanta ley.